miércoles, 16 de agosto de 2017

LA AIGÜETA DE BARBARUENS



Todo lugar tiene un alma única.
Un alma marcada por su carácter natural y estimulante.
Ese alma o espíritu del lugar, es accesible trivialmente, o bien a través del germinar de una emoción especial que nos pone en contacto con nuestra propia alma.
Podemos acercarnos a ese lugar a través del conocimiento físico: vegetación, superficie, relieve... o bien como a mí mas me gusta; a través de nuestra conexión personal y nuestras sensaciones al ver y sentir ese paisaje, ese río, valle o montaña
La Aigüeta de Barbaruens es muchas cosas: Matices de luz, olores que trae el viento, fragancias y  perfiles de su atmósfera, el sonido del agua, e incluso detalles tan sutiles, que sólo podremos reconocer entrando a ella con un estado de conciencia análogo al lugar.

Entonces, es cuando mantienes una relación directa, y consciente, con el alma de ese lugar. Por un instante, por unas horas, te conviertes en parte de ella.

Es un proceso de asimilación, que a partir del conjunto de tus vivencias, de tu experiencia, se abre en el tiempo.
Vivencias, recuerdos, evocaciones. En cada poza, en cada salto de agua, el espacio pasa a formar parte del ser, casi cargado de un significado entre el recuerdo y el rito.
Se conviene, deporte, naturaleza, fiestas, ritual, e incluso se reconocen cualidades de tu propia identidad.
Conforme se acumulan vivencias relacionadas con un lugar,  con el tiempo, la identificación con él se acentúa, y deseas que todo siga igual, que nada cambie.
En un mundo que todo se mueve vertiginosamente, acercarse a un paraíso como la Aigüeta de Barbaruens, te produce una armónica relación con la naturaleza y contigo mismo, acercándote a algo parecido a la satisfacción.
Porque como tú mismo, tiene  un poco de todo: resaltes, remansos, rampas, vetas y torrentes... en definitiva, “luces y sombras”.
Es mi barranco favorito del Pirineo.

martes, 8 de agosto de 2017

GORGAS NEGRAS

Esto es Gorgas, y son palabras mayores:
Recóndito, salvaje, y fiel a la verdadera legitimidad de un gran barranco de Guara.
Igual que un poeta trata de manifestarnos mediante su ingenio y sus palabras, imágenes, olores, o sonidos, hay lugares que contagian su palpitación, y nos empujan a una alianza con el mundo y las cosas que nos rodean.
Lugares en los que la naturaleza nos ofrece un umbral para esa comunicación a través de la contemplación, y te brindan una especie de revelación personal e intransferible. Hay un  antes y un después.
Si los románticos descubrieron la idea de lo sublime, en lugares como Gorgas Negras, donde (al menos a mí), su indómita belleza extrema me puede llevar al éxtasis, sientes elevación y excelencia, en un paisaje salvaje que se manifiesta como un misterio sobre los orígenes.
Sientes
la grandeza de percibir el todo en un instante.
Siempre que lo he bajado, se me presenta como un recorrido personal. 
Y aún desde mi perspectiva de local, de amante incondicional, siempre me surge esa búsqueda personal de la esencialidad. Como en un anhelado peregrinaje.
Un territorio donde el cromatismo parece redundar, y la soledad te induce a una meditación sobrecogedora. Una belleza que comunica con gran intensidad.
Pero, dejando aparte el romanticismo, si hay un cañón duro en Guara, ese es Gorgas Negras.
Entre la aproximación, el descenso y la vuelta, se puede dilatar hasta mas de diez horas.  
A ello hay que añadirle la fianza de su desamparo por aislado, su agua fría, y su caprichoso e irregular terreno. Este conjunto de ingredientes, lo conciben solo apto para personas más experimentadas, y con buena forma física.
Cuando en los inicios trabajaba como guía, era muy poca la gente que llevábamos allí, y siempre tras haber bajado con ese mismo grupo otros barrancos y observar antes su resistencia y como se desenvolvían.
Por otra parte es un magnifico descenso de ambiente encañonado y salvaje, donde su primera mitad es realmente sublime llena de resaltes, marmitas, cascadas, caos y rápeles o saltos, espectaculares.
Después poco a poco el río se va abriendo y aparecen no menos bonitas, las largas, oscuras y frías badinas que le dan nombre.
La salida de Gorgas Negras es o bien por la senda bien indicada por la que se accede al barranco de Barrasil (como en el video), retornando de nuevo por el barranco de Andrebot y la fuente del Mascún hasta Rodellar; o bien tirando por el Cañón de Barrasil, que es la prolongación natural del río, para terminar en el Puente medieval de Pedruel en el Camping del Puente.
¡Hablando de la fuente del Mascún!:
La Surgencia del Mascún, es un manantial que alimenta a este río a su paso por Rodellar.
¿Cuantas  veces, hemos parado en ella para refrescarnos?. ¿Conocéis la teoría sobre misteriosa procedencia de sus aguas?
Cada año brotan de ella hojas de haya.
Y la cuestión, digna de Iker Jiménez, es que no se “halla” esta clase de árboles en toda la Sierra de Guara.
Así  que un laberíntico conjunto de simas y corrientes subterráneas  serian las responsables del transporte de estas hojas hasta aquí.

En el año 1850 Pascual Madoz expuso una teoría sobre ello:
"Se cree con bastante fundamento que en la sierra de Jánovas, aguas del Río Ara, se filtran por entre las grandes cavernas que en ella se descubren y da origen a la muy nombrada fuente que nace en el barranco de Rodellar llamada Mascún, al pie de la sierra de Guara”.  Cuando crece el río Ara esta fuente aumenta el caudal de agua que allí brota, y cuando las avenidas del Ara arrastran hojas de haya, en la fuente se presentan estas mismas hojas."...
Puede que esta sea la explicación...
Es sorprendente dada la enorme distancia que separa la Surgencia del Mascún del Río Ara, uno de los ríos pirenaicos mas importantes.... pero, de algún lado tiene que venir las hojas de haya...
Como Gorgas Negras. Su misterio es la suma de la fascinación y el temor.

martes, 1 de agosto de 2017

MASCÚN


Si el hombre es, somos, parte de la naturaleza, y aún más, no somos nada sin ella, ¿por qué siempre hablamos de la naturaleza como si fuera algo extraño a nosotros?. Somos parte de ella.
Eso sí, por desgracia, en la actualidad, también somos el factor mas desequilibrante para ella.

Esta semana, un clásico entre los clásicos, que por desgracia se suele secar casi siempre a comienzos de verano: “El Mascún”.
Cuando comenzamos a funcionar como guías por el año 95/96, ir al Mascún era casi una celebración y siempre siempre un enorme placer con sentimiento de aventura.
Era salirte de la rutina; salirte del Vero (el que más se descendía por entonces), y al mismo tiempo, visitar a Manolo (Único habitante de Otín que junto a su pareja Bárbara (Alemana) regentaban allí un insólito semi albergue y un hospitalario bar (hoy por desgracia todo abandonado y en ruinas).
Cuantas noches de tertulias, paellas de conejo a la brasa, e incluso bailes disfrutamos en Otín por entonces... Que decir, Manolo era todo un quimérico personaje...
Volvamos al barranco. El recorrido de este clásico, de comienzo a fin está repleto de localizaciones características y reputadas de la sierra de Guara: El delfín, la fuente del Mascún, la Torre de Santiago, la Cuca Bellosta, la Ciudadela, el Saltador de las Lañas, la cascada de Peña Guara, el pozo negro, el Caos del Onso, o rocas tan originales como el beso o el zapato...
Son junto con el Cañón del Vero, indudablemente los barrancos con más reputación de la Sierra.
Un barranco, de los que lo tiene todo: Una prolongada y hermosa aproximación, un descenso furtivo, latente y  técnico donde encontramos saltos (siempre evitables), pozas, galerías, oscuros, rápeles y destrepes, velados con la ornamental estética característica de Guara y su belleza salvaje. Té cautiva.
Un barranco en el que incluir lo mirado, lo externo, en nuestro impresionable interior, contribuye por un instante a pulir la mejor versión de nosotros mismos.  Esa que hace manar la curiosidad, y de la que nace un primer conato del creer en algo y del encanto por la vida.
Además del placer deportivo de su descenso, la contemplación de toda su esencia, te proporciona un peldaño mas de comprensión, de tolerancia y adhesión hacia la naturaleza, hacia todo, incluso hacia ti mismo.
Es en lugares como este, donde podemos salir de nosotros mismos.